Y ese es uno de los aprendizajes más importantes que estamos incorporando en las empresas.
Podemos pedirle que nos prepare una reunión, que analice un proceso, o que proponga una reorganización. Probablemente responderá con rapidez, de forma ordena y su argumento será convincente.
Pero si no le hemos explicado bien lo que queremos conseguir, lo que está ocurriendo o qué límites debemos respetar, la IA puede ayudarnos a avanzar en la dirección equivocada.
Lo comprobamos también sin tecnología. Cuando como responsables de un equipo no transmitimos adecuadamente las indicaciones de un proyecto, es muy probable que el equipo ponga todo su interés y energía,… en la dirección equivocada, os suena? Con la IA sucede lo mismo, pero a mayor velocidad.
Por eso, saber preguntar no es únicamente una habilidad técnica. Es una competencia directiva.
Obliga a definir el problema, aportar contexto, distinguir hechos de suposiciones y aclarar qué criterios deben orientar la decisión.
La IA puede ampliar nuestra mirada, ordenar información y mostrarnos alternativas. Pero no puede asumir la responsabilidad de interpretar la realidad por nosotros.
La verdadera ventaja estará en desarrollar la capacidad de formular mejores preguntas y decidir con mayor criterio.



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