Es estar lo bastante cerca para comprender qué necesita cada persona y lo bastante firme para ayudarla a avanzar.
El pasado 29 de junio tuve la oportunidad de compartir una sesión con responsables de equipo de Turris: «De la teoría a la práctica: cómo potenciar nuestra influencia en los colaboradores».
Fue una buena ocasión para poner al servicio del grupo aprendizajes y experiencias acumulados a lo largo de mi trayectoria profesional, pero también para escuchar situaciones reales, contrastar puntos de vista y seguir aprendiendo juntos.
Con los años he comprobado que un responsable no consigue que las cosas sucedan únicamente organizando tareas o dando instrucciones. Su verdadera capacidad de influencia aparece cuando escucha, observa, pregunta y ayuda a cada persona a comprender qué se espera de ella y cómo contribuye al resultado común.
Estar cerca no significa evitar las conversaciones difíciles ni rebajar la exigencia. Significa conocer al equipo, orientar cuando es necesario, reconocer el trabajo bien hecho y pedir resultados con claridad.
El liderazgo cobra sentido en los pequeños comportamientos cotidianos: una conversación a tiempo, una pregunta que invita a pensar, una corrección clara o un reconocimiento sincero.
Porque las personas no suelen dar lo mejor de sí mismas solo porque se les indique qué deben hacer. Lo hacen cuando encuentran sentido, confianza y un responsable que las acompaña sin dejar de exigirles.
Gracias a Turris por la oportunidad y, especialmente, a sus responsables y a todo el equipo por su actitud, participación e implicación durante la sesión.
La verdadera influencia de un responsable se refleja en aquello que consigue despertar en las personas.
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