En una reciente sesión con un grupo de colaboradores de Lluria, reflexionamos sobre la influencia del lenguaje no verbal en las visitas comerciales.
Solemos preparar con detalle los argumentos, la propuesta, los datos y las respuestas a posibles objeciones. Sin embargo, solemos olvidar que el cliente empieza a formarse una impresión sobre nosotros antes de que digamos una sola palabra: la actitud con la que llegamos, la mirada, la sonrisa, la vestimenta, el saludo, la postura, los gestos o el tono de voz.
Y todo ello también comunica.
Uno de los principales aprendizajes de la sesión fue que no se trata de aprender gestos artificiales ni de interpretar un papel. Se trata de tomar conciencia de lo que transmitimos y actuar con naturalidad.
Cuando existe coherencia entre lo que decimos y la forma en la que lo expresamos, generamos confianza y credibilidad. Cuando nuestras palabras dicen una cosa, pero nuestra expresión, nuestra postura o nuestro tono transmiten otra, el interlocutor lo percibe rápidamente.
También hablamos de la importancia de preparar la actitud con la que afrontamos cada visita. No llegamos igual cuando vamos con prisa, presión o inseguridad que cuando lo hacemos con serenidad, interés y disposición para escuchar.
Comunicar para convencer no consiste únicamente en encontrar las palabras adecuadas. Consiste en conseguir que todo nuestro comportamiento acompañe el mensaje.
En una relación comercial, la confianza no se exige ni se improvisa: se transmite.
Gracias al equipo de Lluria por la participación, la implicación y la voluntad de seguir mejorando.
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